BLADIMIR VÍQUEZ



Menciona a:

  • Lil María Herrera
  • Javier Medina Bernal
  • Javier Alvarado
  • Luis Calvo

Biopoeta

Nació en Dominical, Renacimiento, Panamá. Es filólogo y ha realizado estudios universitarios de Lengua y Literatura en Panamá, España y Francia.



Declaración poética

Para lo único que sirve la literatura, y con ella la poesía, es para ser deleite y memoria de la humanidad...



POEMAS


Por la vida, amando
Cuando voy por la vida, amo. Por la calle: Una metáfora urbana, La brisa juguetona que se levanta Hurgando en los edificios, Una guitarra de bar Y una melodía. Por el monte: Las maderas, Las hojas caídas, El torrente claro en el oído, La libertad del gorrión Y el canto del jilguero.
Por ahí: El secreto del viento, El vino convidado, La oscuridad infinita, La sonrisa del infante, Las palabras desgastadas de los presos, La broma del inocente, El caminar con zapatos viejos, La lluvia, El café de la abuela, La melancolía de la ausencia y la distancia Y el rincón del silencio.
Por el amor: Un llanto de amor, Las caricias trémulas de la primera vez, El calor de la amante en la piel, La cicatriz imborrable del beso, La humedad de tu cuerpo, La pubertad madura y dulce, Y la explosión del placer.
Y así, paso a paso, Me voy por la vida Amando…


Sobre la fruta podrida, La mosca; Sobre la corteza del árbol, El hacha.
Pero… Sobre la hierba, La lluvia; Sobre la flor El rocío.
Sin embargo… Sobre las demás cosas, Tú.


La noche del eclipse
La última vez que te vi me preguntaste que qué había hecho el día en que las marionetas salieron de noche a pasear. Te juro que si tuviera la opción, este pasaje lo borraría de mi memoria. Era una noche de eclipse de luna; era uno de esos que se da en un ciclo de cientos de años. No recuerdo con exactitud, pero salí con un espantapájaros y dos gatos: el espantapájaros venía rasgado de ropa y de espíritu; los gatos, uno de los dos era de porcelana rosada, aunque con unas manchas grises, y el otro, había salido de una vieja réplica de Toulouse Lautrec. Nos interesaba respirar el aire fresco de otoño en un parque de abetos y castaños que hay cruzando la calle del colegio. Sabíamos que todo el mundo estaría viendo, en una planicie elevada, el fenómeno lunático que se iba a dar. Escuché las carcajadas extrañas y siniestras de las marionetas: unas se reían con cara de tristeza y otras bailaban sin placer. Un payaso con cara larga y una mirada torva caminaba, sin un zapato, de regreso a su casa. Los lomos de los gatos se erizaron de angustia y el espantapájaros se entristeció, y volvimos a nuestros cubiles. Nos fuimos decaídos como niños reprendidos, como pipa sin fuego, como agua sin vertiente, como barco sin vela, en una noche de eclipse del alma…