SALVADOR MEDINA-BARAHONA



Menciona a:
  • Javier Medina Bernal
  • Porfirio Salazar
  • Javier Alvarado
  • María Gilma Arrocha
  • Eyra Harbar
  • Katia Chiari
  • Javier Romero Hernández
  • Edilberto González Trejos
  • Alexander Zanches
  • David Róbinson
  • Gorka Lasa Tribaldos


Biopoeta


Nacido en 1973. Ha merecido el Premio Nacional de Poesía “Stella Sierra” 2000 y Mención de Honor del Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán” 2001-2002. Autor de las obras: Mundos de sombra, Viaje a la península soñada, Somos la imagen y la tierra, Cartas en tiempos de guerra y La hora de tu olvido (todos libros de poesía). También ha publicado un cuaderno marginal de ensayos breves, Vida en la palabra vida en el tiempo, sobre la poesía de Roberto Sosa, Fayad Jamís y José de Jesús Martínez, entre otros. Asimismo, es coautor de la compilación Construyamos un puente, 31 poetas panameños nacidos a partir de 1957. Creador y director de la página dominical Letras de Fuego de La Estrella de Panamá, en la que ejerció el periodismo cultural. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al francés.
Más detalles en su ciberpágina: www.geocities.com/palabraeslibertad


Declaración poética


Me han dicho -quiero creerles- que nací el 9 de noviembre de 1973, a las 12 del día, en una casa de quincha amarrada a la curva de un pueblo con pocos santos: Mariabé le dicen, en honor a una cieguita encantadora que recuperó el milagro de sus ojos por el milagro del agua. Fue ―cuentan― bajar al riachuelo, humedecerse las manos, llevárselas a la altura de los ojos (allí donde la oscuridad hacía su fiesta obtusa) y descubrir entre los dedos la geometría del mundo. "¡Maria bé! ¡Maria bé!", gritarían con asombro los del lugar...

Desde allí, dando saltos en mi espalda, he traído mis poemas, su música aguerrida ante el dominio de las ciudades, la fuga de los días y el estertor de los nombres que he ido perdiendo para siempre.

Música al fin, mis palabras arden y se hunden en la noche.~



POEMAS


Busquemos el calor bajo los árboles

hay que emprender la búsqueda
—la indagación más honda en la butaca del silencio—
bajo la crin del ave
y el universo de las piedras


todo está surcado por objetos
por claves indecisas y armas


la alegría nacerá en el declive del llanto
y donde salte el humo se arqueará la palabra el fuego


hay que querernos entre los fracasos y las
desilusiones
las medallas y el éxodo


busquemos el calor bajo los árboles
bajo el terror de las cuevas
entre los pétalos que han caído deshojados


¡ya es hora!
no mintamos nuestra efigie
nuestro yo desposeído
no alentemos nuestros pasos al frío
ausencia última en este mundo tantas veces
miserable


nuestro anhelo se siente arrinconado
¡y hay que asirlo!
estremecerlo en su horizonte
aflorarlo en este péndulo de angustia
entre nosotros los abandonados
en medio de las instancias agrietadas
en medio del destierro que es la vida
y el llanto que es la muerte


** Tomado de Somos la imagen y la tierra.





El tango del mendigo
I
Voy cruzando calles y miradas que olvidan:
Hay en cada ojo un sol nublado
y en cada mano extraña la cercanía del hambre.


II
Voy cruzando por sus ojos como por su muerte,
cargando la sospecha de algo posible:
el rostro que temen hallar un día frente el espejo.


III
Aferrado como un eco a esta hora enemiga,
me ven venir desde mi ayer de panes.


IV
Cruzo la última avenida,
sujeto con las fuerzas que me quedan
el último signo, la última interrogación,
hasta llegar a la frontera donde la pregunta sobra
y los olores ya son ascos imposibles.


V
Huelo el rumor de un desperdicio útil
entre unas garras que amenazan,
un zarpazo que hiere y no logra arañar mi dignidad.


VI
(La noche anida espantos sobre mi corazón desnudo.)


VII
Cansado, cerca de la hora definitiva,
busco el sitio en que abrigar la sed
de un día sin panes
y sin peces.


VIII
Si la red de una palabra no ha atrapado el milagro,
el nuevo día me hará saber si aún vivo.


IX
Amanece otra vez: al menos yacen junto a mí
la colcha gris de la palabra,
la foto embriagada en sangre de unos muertos,
la noticia de ayer como testigo
de que el sol
se ha levantado.




Manual de instrucciones
para un policía tejano en la Casa Blanca


I

Puede usted creer en la guerra como su negocio más útil,
retar a sus enemigos desde muy lejos,
cómodo en su despacho,
con la parte más oscura de sus palabras.
Puede usted llevar un cerdo enajenado en la boca
y mentir —para siempre—
el ataque iracundo de otros hombres:
"Bárbaros proscritos,
criaturas ya sin cielo y sin honor".
Puede rasgar sus vestiduras como los maestros de la ley,
administrar el miedo,
fijar su cruz como un mesías
en las batallas y el hurto.
Puede en fin —omnipotente— al sol oscurecerlo como a un niño,
azuzar de noche a las palomas
cuyas heces de plomo
hunden
la hermandad
en llamas.

II


Vea usted multiplicar el diálogo de los muertos,
acrecentar en la distancia la dimensión de su arte
—nuevo Picasso en pos de su Guernica—:
Vea usted la poca luz, el imperio del gris,
unos ojos convertidos en manos,
las manos en pies,
los pies en odio,
el odio trocado en tempestades.
Vea usted unos cuernos
adquirir la mirada tristísima del hombre,
el hombre la cola del caballo,
el caballo el filo de una lanza fúrica.


** Ambos poemas: tomados  han sido tomados del cibersitio: 
www.geocities.com/palabraeslibertad

2 comentarios:

Maru dijo...

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.

Songo dijo...

Saludo con gozo esta iniciativa.
Saludos a los poetas y en este caso a Salvador, portador de una palabra honda, luz que se abre paso entre las sombras.
Abrazo